El salto

Si llego a saber que ibas a matarme tan lentamente,

hubiese saltado por la ventana la primera noche.

 

Aunque aún no me habían crecido las alas,

ni las tenía como ahora marchitas.

 

Habría saltado por la ventana,

huido de aquel cuarto,

de tus brazos, tu sonrisa

y ese pelo azabache que olía a romero.

 

Habría perdido,

entonces,

los meses que pasé deambulando por tu habitación de madrugada,

tus manos que arropaban miedos,

y esa boca que tiritaba mi nombre…

 

Y los lunares, claro.

Aquellos lunares que yo seguía por tu espalda,

más seguro que nunca de que no importaba el camino

ni quería encontrarme.

 

También como bailabas por los pasillos de casa,

esquivando con agilidad tus fantasmas,

espantando con gracia a los míos.

 

Sí,

habría perdido muchas cosas,

pero igualmente hubiese saltado.

 

Que los recuerdos, ahora,

son demasiado amargos para tragarlos,

a cucharadas,

cada mañana.

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Publicado por

Tiago Espinosa

Escribí para olvidar y terminé recordándolo todo.

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