Guerra y Paz

Antes de comenzar la guerra

tú y yo apenas nos conocíamos.

 

Por eso,

en nuestro primer reencuentro

apenas me mirabas

y yo ni siquiera te oí.

 

Más tarde, descubrí

cómo cuidabas halcones en el jardín trasero de casa.

 

Y el placer de verlos volar a media tarde.

 

Por aquel entonces, las voces

dentro de mi cabeza no dejaban

de decirme todo lo que estaba mal

o yo no podía hacer.

 

Fuiste tú

con paciencia quien me dijo cómo acallarlas

para que no dañaran más.

 

Luego me enseñaste

a distinguir las plantas que crecen en la tierra húmeda

y correr ladera abajo

con los pies descalzos.

 

A contar historias

alrededor de una hoguera

y parar la hemorragia

de unas manos que sangran

mordisqueando nuestros dedos.

 

Pasaron así meses

que parecían horas.

Entre días de sol y bullicio

y noches en silencio.

(para no ser oídos)

 

Pero la felicidad jamás dura eternamente.

No tardé en aprenderlo.

 

Finalmente llegaron rompiendo

el cielo las bombas.

Empañando de humo el sol.

 

Tú prometiste que nosotros no huiríamos,

que permaneceríamos juntos.

 

Y así fue,

al menos hasta que ametralladora en ristre

te obligaron a marchar

y separarnos.

 

Entonces todo cambió.

 

Nos dijeron que el agua

no se bebía,

la comida debía ganarse

y había que racionar

el aire que respirábamos.

 

Las voces volvieron entonces,

más altas y menos nítidas,

inundando mi cabeza.

Y yo no las quise oír.

 

Tenía miedo.

 

Seguí arrancando raíces

amargas de la tierra

para poder comer,

filtrando el agua que bebía.

Respirando con miedo a ahogarme.

 

Pero ellas seguían y seguían

murmurando,

inundándome.

 

Hasta que no pude más.

 

Mi mente agotada se rompió

olvidé todo lo que me enseñaste

y me dejé llevar.

 

Entonces volví a escucharlas

después de tanto tiempo.

Pero ahora no dañaban,

ya no.

 

Me pedían que huyera,

sin miedo

a buscarte.

 

Que tú me esperabas en casa

reparando ventanas,

plantando flores nuevas.

 

No lo pensé dos veces,

recogí mis pertenencias,

robé las de otros,

me deshice de las normas que me ataban

y marché.

 

Inicié entonces una peregrinación

de regreso,

en penitencia por pecados

comunes pero ajenos.

 

Viajé de noche

viviendo en bosques ralos durante el día

 

Huí de todos y todo

me obligué escapar de los horrores sin ayudar a nadie.

 

Casi, por dos veces caigo

hubieran destrozado mi cuerpo

dejando mi consciencia pudrirse dentro.

 

Pero lo conseguí,

llegué a casa, de nuevo,

y allí estabas tú esperando

¿quién sabe qué o a quién?

 

Tus ojos ya no veían

ni tu boca hablaba.

Estabas vacío en el interior

incapaz del más mínimo gesto.

 

Así encontré

lo que pensé sería un hogar

donde tú aguardabas

ausente.

 

Aquello fue nuestra futura vida

mi nueva condena.

 

Un oasis en mitad de la guerra,

las tardes mordisqueando tus dedos

sin saber si algún día

podrías recordarme de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Huso erróneo

puede que el reloj esté parado
quieto inmóvil detenido

parado en una hora concreta
aunque varíen los minutos
esos minutos

quizás olvidé darle cuerda
y tú te cansaste de las agujas
en silencio

o tal vez la hora no era
exacta
mente igual para los dos
-cada engranaje marca
sus propios ritmos-

también puede ocurrir lo siguiente
el reloj funciona
soy yo quien no avanza
y los minutos han volado

la verdad, pueden ser
tantas las circunstancias
que no sé ni en qué día
vivo

pueden ser tantas las horas
que ya
no estoy seguro de nada

El hombre-ciervo se instala
cada noche
a los pies de mi cama
esperando que me duerma.

No importa si aún
tengo la luz encendida
o no tengo sueño.

Él permanece ahí
mirándome con solemnidad
las astas erguidas.

Todavía puedo intuirlo
en la oscuridad
antes de que me alcance el sueño
y cierre los ojos

Nunca hace nada
ni me habla
ni se mueve.

Solo observa impertérrito.

Sé que a la mañana
siguiente -al despertar-
ya no estará aquí.

Al igual que sé
que me volverá a acompañar
-en silencio-
al caer de nuevo la noche.

Restoy

Las hormigas ya estaban aquí
antes de que yo llegase

y así seguirán mucho después de que me vaya

por eso intento no molestarlas
las espió en silencio

trayendo y llevando cosas
creando infinitas filas

sin importarles
el tiempo ni lugar en el que están
lo que pueda sucederles

si yo continúo observándolas
o por el contrario ya marché para siempre.

 

 

Made of

No estamos hechos de carne y huesos.

Ni de músculos, terminaciones nerviosas o cualquier otra combinación de moléculas.

Que no te engañen.

Pero tampoco somos sentimientos, atrapados en un envoltorio de piel.

Nada de eso.

 

Nos componemos de decisiones.

Decisiones que vamos tomando a lo largo de nuestra vida:

únicas, irrepetibles e irremplazables.

 

Cada una de ellas nos ha llevado al lugar donde estamos,

y nada se puede hacer para cambiarlo.

El rumbo es suceptible de ser modificado,

poco a poco y con paciencia,

pero no el camino recorrido.

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Quimeras

Dime si no fuimos dos jóvenes
sedientos encontrados.
 
Dos jóvenes sedientos encontrados,
mojando la madera,
secando nuestras entrañas.
 
Y miénteme,
di que tantos años después
aún no piensas en mí.
           
                                                    (En ocasiones,
                                                     como yo lo hago)
 
Creyendo que debimos continuar
aunque sepamos que era imposible.
 
                                                  Estaba muerto desde el principio.
 
 
Pero de vez en cuando
es tan fácil dejar
la imaginación volar…

Entre la multitud

¿Cuántos quedaremos

de aquel grupo de dos mil siete?

 

De cuando descubríamos

a trompicones lo que era

la amistad, la traición.

 

Con torpes caricias

a buscar la aceptación

del otro, el amor.

 

¿Acaso no somos los mismos

que ahora nos cruzamos,

de vez en cuando

(vergüenza)

por estas calles grises ya de otoño?

 

Y agachamos la mirada

sin querer reconocernos,

sin querer reconocer

que seguimos igual

de perdidos

ahora,

entonces.

[Pareciera que fue ayer]